Notas de Prensa

La colaboración público-privada y entre compañías, clave para garantizar el desarrollo futuro de las nuevas terapias

12:58 Farmaindustria
Responsables de laboratorios exponen en Santander los retos de futuro del sector farmacéutico innovador en Europa y en España
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14.09.2018

De izquierda a derecha, el consejero delegado de Reig Jofré, Ignasi Biosca; la presidenta y consejera delegada de GlaxoSmithKline (GSK) España, Cristina Henríquez de Luna; el presidente en España de la compañía Janssen, Martín Sellés; y el director general de Farmaindustria, Humberto Arnés.

 

El sector farmacéutico innovador vive actualmente una profunda revolución que transformará la práctica clínica y el abordaje de las enfermedades, dando paso a una nueva era caracterizada por la llamada medicina de precisión, que ha empezado a dar sus primeros pasos de la mano de las nuevas terapias génicas y celulares.

En este escenario, las fórmulas de colaboración público-privada en materia de I+D y la cooperación entre compañías farmacéuticas con intereses comunes serán claves para garantizar el desarrollo de las nuevas terapias a partir del avance de la genómica y la proteómica funcional.

Así lo pusieron de manifiesto este viernes los responsables de varias compañías farmacéuticas en el marco del XVIII Encuentro de la Industria Farmacéutica Española, que se celebra estos días en Santander bajo el título “25 años de mercado único farmacéutico: 25 años de progreso científico, terapéutico y económico”.

España, una “potencia” en I+D biomédica

A su juicio, las perspectivas son favorables en España, un país que cuenta ya con múltiples centros de investigación básica y se ha convertido en “una potencia mundial de primer orden en el ámbito de la investigación clínica”, donde “miles de pacientes se benefician de participar en ensayos clínicos”, tal como indicó el presidente en España de la compañía Janssen, Martín Sellés.

No obstante, esto no debe hacer olvidar que la investigación y desarrollo de medicamentos innovadores es una actividad “llena de obstáculos” en la que “cada vez es más difícil mejorar” y donde “las exigencias regulatorias son cada vez mayores”. “Por eso sólo uno de cada 10.000 compuestos que sintetizamos llega a las manos de los médicos y los pacientes; es un camino largo que cuesta entre 8 y 12 años recorrer, con un coste aproximado de unos 2.400 millones dólares”, añadió.

Por ello las compañías han de tener una “vocación inversora a largo plazo”, mientras las filiales compiten en los distintos países por las inversiones en I+D. “Competimos con los colegas de otros países porque todos queremos traer las nuevas inversiones a nuestros respectivos países”, añadió.

En este contexto, es necesario seguir fomentado la colaboración público-privada y la cooperación entre compañías con intereses comunes para afrontar el futuro con garantías de éxito, sobre todo para desarrollar las nuevas “intervenciones terapéuticas” que combinan la inmunoterapia con la terapia celular y la terapia génica.

“Necesitamos medicamentos nuevos con los que podamos curar enfermedades que hoy no tienen curación. Los ciudadanos, los pacientes, demandan inversiones importantes en I+D hoy para que en los próximos años podamos tener estos medicamentos a disposición de todos”, agregó el presidente de Janssen.

Por ello el sector farmacéutico sigue realizando importantes inversiones en I+D, en investigación básica y en investigación clínica, hasta el punto de que sólo en España el sector invierte más de 1.100 millones de euros al año en I+D, lo que representa el 20% de toda la I+D industrial del país, y tiene a unas 4.000 personas altamente cualificadas trabajando en investigación básica y clínica.

“Nuestro objetivo es poder curar enfermedades que hoy no tienen curación –insistió Sellés- y traer a España el máximo de inversiones en I+D para ayudar lo máximo posible al cambio del modelo productivo que tanto necesita nuestro país”.

El desafío del Brexit

Al mismo tiempo, no se puede olvidar que la I+D biomédica sólo se puede entender hoy desde una perspectiva internacional y bajo un modelo de innovación en abierto en clave europea. En este sentido, Cristina Henríquez de Luna, presidenta y consejera delegada de GlaxoSmithKline (GSK) España, puso el acento en la importancia de gestionar de forma adecuada, en el ámbito de la industria farmacéutica, el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocido como Brexit.

A su juicio, este es el mayor reto que afrontan en la actualidad las compañías farmacéuticas presentes en Europa (Reino Unido exporta el 48% de su producción en medicamentos a la UE e importa de ésta el 73%), y en este escenario se hace necesario “que Reino Unido y la Unión lleguen a un acuerdo antes de marzo de 2019 en el que se incluyan soluciones específicas que protejan a los pacientes y aseguren la estabilidad del sector”. Una de las prioridades, en este escenario, es asegurar el suministro global de medicamentos a los pacientes, algo para lo que GSK ya está desarrollando planes de contingencia.

Como sugerencias para una mejor transición, Henríquez de Luna reclamó un acuerdo de reconocimiento mutuo entre Reino Unido y la UE, una amplia cooperación entre la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y la del Reino Unido en materia de procesos y sistemas regulatorios, garantía de movilidad de los empleados, reducción al mínimo de los procedimientos aduaneros y la continuidad de la cooperación en materia de I+D.

La presidente de GSK tiene claro, en cualquier caso, que “cualquier acuerdo debe priorizar la salud de las personas”, y recordó que el desafío que supone el Brexit se enmarca en otra de las necesidades del conjunto del sector para poder seguir generando valor e innovación al servicio de los pacientes, el sistema sanitario y la sociedad en general: contar con un entorno estable.

El papel de las compañías españolas

En representación de las compañías con matriz española, el consejero delegado de Reig Jofré, Ignasi Biosca, consideró que «después de muchos años de centrar todos los esfuerzos en políticas de precios y costes”, ha llegado el momento de que la Administración española apueste por el desarrollo de una industria farmacéutica “sólida en el mercado interno, pero sobre todo en los mercados internacionales”.

“Constituimos una industria con capacidad de comprometerse en inversiones para favorecer el tejido industrial del país, las colaboraciones en investigación y el desarrollo sin olvidar la innovación aplicada; una industria comprometida con la creación de empleo cualificado y el aumento de las exportaciones de productos farmacéuticos y, en definitiva, comprometida con el crecimiento del PIB nacional», destacó.

Para Biosca, muchas medidas políticas a lo largo del tiempo han desincentivado la innovación incremental, cuando habría de ponerse en valor en la medida en que “supone mejoras en los tratamientos farmacológicos que, sin introducir una nueva molécula ni una nueva vía de administración, potencian el uso inteligente y eficiente de los principios activos conocidos, los medicamentos útiles y eficientes, las reducciones de dosis por formulaciones que consigan mayor absorción, o la mayor adherencia al tratamiento gracias a las formulaciones capaces de liberar producto durante días o semanas, en lugar de horas”.

Biosca está convencido de que la industria nacional “tiene capacidad de optar a la innovación radical, ejerciendo como tractora de las múltiples iniciativas de nuevos tratamientos farmacológicos que se están desarrollando en pequeñas start-ups biotecnológicas españolas salidas de la iniciativa privada o de proyectos nacidos en los centros de investigación públicos y hospitales españoles y que se encuentran en el primerísimo nivel internacional”. “Si España, con sus investigadores y sus centros, es capaz de generar ciencia a nivel internacional, el sistema debe conseguir que parte de esta ciencia se integre en el tejido industrial del país convirtiéndolo en producto disponible para la salud de los españoles y la exportación al resto del mundo», concluyó.

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