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Salvar la brecha entre investigación básica y clínica pasa por impulsar la colaboración público-privada

Es fundamental el efecto tractor que las compañías farmacéuticas pueden realizar sobre empresas emergentes y centros públicos de investigación

Es frecuente en España que grupos de investigación descubran moléculas nuevas y encuentren luego obstáculos para realizar una adecuada transferencia al sector industrial

La futura Ley de la Ciencia puede suponer una oportunidad para introducir mecanismos que fomenten la colaboración público-privada
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Málaga, 16.02.2022

Amelia Martín Uranga, directora asociada de Investigación Clínica y Traslacional de Farmaindustria, en el foro Transfiere 2022.

Desde hace años, la investigación de medicamentos se sustenta en un modelo abierto, internacional y cooperativo orientado a detectar el conocimiento allí donde se genera (en un pequeño equipo de una universidad o de un hospital o en una start-up) y tratar de aportar la experiencia, la organización y los grandes recursos necesarios para que ninguna potencial solución terapéutica se vea paralizada por falta de medios para cubrir el largo y arriesgado camino que debe recorrer todo medicamento antes de ser aprobado.

Uno de los paradigmas que más se repiten en el descubrimiento de nuevos medicamentos en España es la brecha existente entre el esfuerzo que realiza el país en investigación básica y el escaso aprovechamiento de los resultados que, al menos de forma preliminar, arroja dicha investigación. Por tanto, “es crítico que nuestro país fomente la inversión pública en investigación biomédica básica, en universidades, hospitales y otros centros, y que al tiempo se fomente la colaboración con las compañías farmacéuticas para que asuman el elevado coste y, sobre todo, el riesgo que implica aplicar los resultados de la investigación básica para conseguir un medicamento eficaz y seguro”.

Así lo puso de manifiesto la directora asociada de Investigación Clínica y Traslacional de Farmaindustria, Amelia Martín Uranga, en el foro Transfiere, que se celebra estos días en Málaga. “Es frecuente que los grupos de investigación, especialmente en el ámbito biofarmacéutico, descubran nuevas moléculas y nuevos mecanismos de acción, los patenten y lleven incluso la investigación a un estado de desarrollo preclínico básico, donde ya no pueden avanzar por distintas razones”, contextualizó.

Esta realidad implica que una buena parte de las patentes registradas se pierdan en el camino, a pesar de que por su calidad y objetivo final serían merecedoras de avanzar en su desarrollo.

“Es un hecho que España es un líder mundial en investigación clínica, pero, a pesar de que tiene también un elevado nivel en la investigación básica, hay un déficit de traslación a la industria y, consecuentemente, al mercado del esfuerzo realizado. En este ámbito resulta fundamental el efecto tractor que grandes compañías pueden realizar sobre empresas emergentes y centros públicos de investigación. Necesitamos solventar obstáculos y crear estímulos que nos permitan realizar una adecuada transferencia de tecnología y de conocimiento desde el sector público al privado”, reclamó.

En este sentido, y como ya hizo el presidente de Farmaindustria, Juan López-Belmonte, el pasado septiembre en el Congreso de los Diputados, apuntó a la futura Ley de la Ciencia como instrumento necesario para incrementar la colaboración público-privada en este ámbito. “Es cierto que nuestro país debe aumentar sustancialmente lo que invierte en ciencia e investigación. De hecho, los últimos Presupuestos Generales del Estado han comenzado a dibujar esta rampa ascendente. Sin embargo, es necesario comprender y consensuar cuáles son las debilidades y cuellos de botella del sistema, para que el tándem inversión-aplicación mejore su eficiencia general y para que se enfoque el esfuerzo hacia la meta deseada, que no es otra que la de posicionarse como país entre los más avanzados en la traslación de resultados de la investigación pública hacia la industria, en el ámbito concreto del sector de la salud humana”, manifestó Martín Uranga.

Asimismo, recordó que desde hace años se están abordando diferentes experiencias de colaboración para avanzar en esa traslación del conocimiento biomédico, como, por ejemplo, el Programa Farma-Biotech, que impulsa Farmaindustria desde hace una década. “Este programa selecciona proyectos de interés de start-ups biotecnológicas y de hospitales y centros públicos de I+D y los presenta a la industria para fomentar las colaboraciones. Hasta el momento ha impulsado el progreso de más de 45 nuevas moléculas que están en fase de desarrollo y protegidas por patentes”, explicó.

Martín Uranga abordó todas estas cuestiones en un coloquio que también contó con la participación de Margarita San Andrés, vicerrectora de Investigación y Transferencia de la Universidad Complutense de Madrid; Ana Sanz, responsable de la Oficina de Apoyo al Desarrollo de Terapias y Vacunas Covid-19 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Gonzalo Balbontín, director gerente de la Fundación Progreso y Salud de la Junta de Andalucía, y Eva Ortega-Paíno, directora del biobanco del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y secretaria General de la Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior (Raicex).

  • Si quiere conocer qué avances ha promovido el Programa Farma-Biotech, consulte aquí.

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